POR UNA VIDA SIN HUMO

Durante muchos años, el tabaco estuvo presente en nuestro día a día casi sin cuestionarlo. El cine y la publicidad reforzaron además una imagen atractiva del cigarrillo convirtiéndolo en un símbolo de elegancia, atractivo o rebeldía cuando todavía no existía la conciencia que tenemos hoy sobre sus efectos en la salud.

Ahora sabemos mucho más y también hemos cambiado nuestros hábitos: cada vez más personas eligen vivir sin tabaco y las medidas de prevención siguen avanzando, gracias a la nueva ley antitabaco que restringe el consumo en numerosos espacios públicos, preservando así la salud de los demás.

Este cambio es importante a cualquier edad, pero especialmente con el paso de los años, cuando nuestro organismo puede ser más vulnerable. En este reto vital encontrarás información para conocer los riesgos del tabaco, romper algunos mitos y comprobar que dejar de fumar sigue teniendo beneficios, tengas la edad que tengas.

¿Te atreverías a respirar y vivir mejor?
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¿De qué está hecho el tabaco?

Cada vez que se enciende un cigarrillo se liberan más de 7.000 sustancias químicas. Cientos de ellas son tóxicas y, al menos, 70 tienen capacidad cancerígena. Estas sustancias no solo afectan a los pulmones, sino que pueden dañar prácticamente todos los órganos del cuerpo, aumentando el riesgo de desarrollar enfermedades graves.

Entre los principales componentes del humo del tabaco destacan:

  • Nicotina: es la responsable de la adicción al tabaco. Actúa sobre el cerebro y genera dependencia física y psicológica, lo que dificulta abandonar el hábito de fumar.
  • Alquitrán: sustancia pegajosa que se deposita en los pulmones y las vías respiratorias. Está estrechamente relacionada con el desarrollo de enfermedades como el cáncer de pulmón y el enfisema.
  • Monóxido de carbono: gas tóxico que reduce la capacidad de la sangre para transportar oxígeno. Como consecuencia, el corazón debe realizar un mayor esfuerzo para abastecer al organismo.
  • Sustancias irritantes: compuestos como el amoníaco o los fenoles dañan los mecanismos naturales de limpieza de las vías respiratorias, favoreciendo la aparición de tos e incrementando el riesgo de infecciones respiratorias.
  • Agentes cancerígenos: el humo del tabaco contiene sustancias como arsénico, cadmio, plomo, benceno, formaldehído o cianuro, relacionadas con el desarrollo de distintos tipos de cáncer y otras enfermedades.
¿Por qué es adictivo?

El tabaco es una de las sustancias más adictivas que existen. La principal responsable es la nicotina, que llega al cerebro en apenas unos segundos tras cada calada. Allí estimula la liberación de dopamina, una sustancia relacionada con la sensación de placer y bienestar. Este efecto es pasajero, por lo que el organismo pronto vuelve a demandar nicotina, iniciando un ciclo de dependencia.

Con el consumo continuado, el cerebro se adapta a la presencia de la nicotina y necesita cantidades cada vez mayores para obtener el mismo efecto o, simplemente, para evitar el síndrome de abstinencia. Además, fumar acaba asociándose a muchos momentos de la vida cotidiana, como tomar un café, conducir, hacer una pausa en el trabajo o afrontar situaciones de estrés, convirtiéndose en un hábito automático difícil de romper.

Estadísticas o cifras de fumadores en la adultez mayor

El consumo diario de tabaco continúa descendiendo en España. Entre 2022 y 2025, el porcentaje de personas que afirman fumar todos los días ha disminuido en todas las franjas de edad, especialmente entre la población joven y adulta, lo que refleja una evolución positiva en los hábitos de salud de la población.

En las personas de 65 años o más también se observa una tendencia favorable. El porcentaje de fumadores diarios ha pasado del 8,1 % en 2022 al 7,7 % en 2025, un dato que demuestra que cada vez más personas mayores abandonan el tabaco o deciden no mantener este hábito. Aunque el descenso es más moderado que en otros grupos de edad, confirma que nunca es tarde para dejar de fumar y que hacerlo sigue aportando importantes beneficios para la salud y la calidad de vida.

A pesar de esta evolución positiva, el tabaquismo continúa siendo una de las principales causas prevenibles de enfermedad y muerte. Por ello, es fundamental seguir impulsando medidas de prevención y facilitar el acceso a recursos que ayuden a dejar de fumar en cualquier etapa de la vida.

¿Qué consecuencias puede tener el tabaco en nuestra salud?

Fumar aumenta el riesgo de sufrir numerosas enfermedades que afectan a todo el organismo. Entre las más importantes se encuentran:

  • Enfermedades cardiovasculares: incrementa el riesgo de infarto, ictus y problemas de circulación al dañar las arterias y reducir el aporte de oxígeno a los órganos.
  • Cáncer: está relacionado con al menos 12 tipos de cáncer, especialmente el de pulmón, además de los de boca, garganta, vejiga, páncreas y otros órganos.
  • Enfermedades respiratorias: favorece la aparición de bronquitis crónica, dificulta la respiración y aumenta la probabilidad de sufrir infecciones pulmonares.
  • Otros problemas de salud: puede causar infertilidad, complicaciones durante el embarazo, envejecimiento prematuro de la piel, enfermedades bucodentales y aumentar el riesgo de diabetes tipo 2, cataratas y úlceras digestivas.
¿Fumar repercute a las personas que tenemos cerca?

El tabaquismo pasivo o también llamado humo de segunda mano, es la exposición involuntaria al humo que generan los cigarrillos y otros productos de tabaco. Aunque una persona no fume, al respirar este humo también inhala miles de sustancias tóxicas y cancerígenas. La Organización Mundial de la Salud (OMS) advierte de que no existe un nivel seguro de exposición al humo del tabaco.

La evidencia científica demuestra que el tabaquismo pasivo, a pesar de no ser directo, también aumenta el riesgo de enfermedades cardiovasculares, cáncer de pulmón y problemas respiratorios.

Con el comienzo del verano, la exposición puede darse en piscinas, playas, terrazas concurridas o parques naturales, la acción de fumar no solo te repercute a ti, también puede afectar gravemente a bebés, niños, mujeres embarazadas, personas mayores y quienes padecen enfermedades respiratorias o cardiovasculares.

Mantener los hogares, vehículos y espacios comunes libres de humo es una de las medidas más eficaces para proteger la salud de las personas que te rodean. Reducir el número de espacios en los que fumar no solo te beneficiará a ti, también a las personas con las que compartes tu vida.

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Beneficios a corto plazo

Existe una gran diferencia entre fumar y dejar de hacerlo, hechos que podrás corroborar en muchos aspectos de tu vida diaria. La mayoría de ellos son cotidianos: mejora el aliento, el color de tus dientes, el olor de la ropa, saborear los matices de los alimentos que antes no notabas o incluso percibir olores que antes pasaban desapercibidos.

Estos son los beneficios según el trascurso de tiempo:

  • A los 20 minutos: disminuyen la frecuencia cardiaca y la presión arterial.
  • A las 12 horas: el nivel de monóxido de carbono en sangre vuelve a valores normales.
  • Entre las 24 y las 48 horas: comienzan a recuperarse el gusto y el olfato.
  • Entre las 2 y las 12 semanas: mejora la circulación sanguínea y aumenta la función pulmonar.
  • Entre 1 y 9 meses: los pulmones recuperan parte de su capacidad para eliminar mucosidad y prevenir infecciones, mientras disminuyen la tos, la dificultad para respirar y otros problemas respiratorios.
Beneficios a largo plazo

Con el paso de los años, el riesgo de desarrollar enfermedades graves disminuye de forma progresiva.

  • Al cabo de 1 año: el riesgo de enfermedad coronaria se reduce aproximadamente a la mitad respecto al de una persona fumadora.
  • Entre los 5 y los 15 años: el riesgo de sufrir un ictus puede llegar a ser similar al de una persona no fumadora.
  • A los 10 años: el riesgo de morir por cáncer de pulmón se reduce aproximadamente a la mitad y también disminuye el riesgo de otros cánceres relacionados con el tabaco.
  • A los 15 años: el riesgo de padecer una enfermedad coronaria es similar al de una persona que nunca ha fumado, mientras que el riesgo de otros problemas de salud continúa disminuyendo.
Consecuencias a corto plazo

La experiencia inicial con el alcohol suele estar marcada por sensaciones placenteras como relajación y euforia.

Sin embargo, un consumo continuado desencadena una serie de cambios conductuales y fisiológicos que pueden tener consecuencias graves. La disminución de la capacidad cognitiva, la alteración de los reflejos y la pérdida de control motor incrementan significativamente el riesgo de accidentes y lesiones.

Según el Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), el alcohol incrementa el riesgo de caídas en mayores, una de las principales causas de fracturas y hospitalizaciones en este grupo. Estudios muestran que incluso un consumo moderado afecta el equilibrio y la coordinación, más aún en cuerpos con menos masa muscular y reflejos más lentos.

Además, la desinhibición asociada al consumo de alcohol puede llevar a comportamientos impulsivos y peligrosos, poniendo en peligro tanto la propia seguridad como la de los demás.

Otra repercusión a corto plazo, es la que indican las autoridades sanitarias, como el Instituto Nacional sobre el Abuso del Alcohol y el Alcoholismo (NIAAA) de EE.UU., advierten que los adultos mayores suelen tomar múltiples medicamentos (por ejemplo, para la hipertensión o diabetes), y el alcohol puede interactuar negativamente con estos, reduciendo su eficacia o causando efectos graves. Esto es especialmente crítico porque el cuerpo de una persona mayor procesa el alcohol más lentamente.

Consecuencias a largo plazo

Según la Organización Mundial de la Salud, en 2022 se estimó que el alcohol contribuye a más de 200 condiciones de salud, muchas de las cuales afectan más a personas mayores debido a una menor capacidad del cuerpo para metabolizarlo con la edad.

Actualmente existen evidencias científicas de que el consumo de alcohol puede asociarse al desarrollo de ciertos tipos de cáncer: cavidad oral, faringe, laringe, esófago, colon-recto, mama (en mujeres) y hepatocarcinoma. No hay un límite de consumo que permita evitar el riesgo de desarrollar estos cánceres y cuanto mayor es el consumo mayor es el riesgo.

La Fundación Nacional del Sueño y varios estudios coinciden en que el alcohol, aunque puede parecer relajante, interrumpe el sueño profundo, algo vital para los mayores. Reducirlo mejora el descanso, lo que a su vez reduce el estrés y fortalece la salud general.

Información por órgano:

  • Cerebro

El alcohol es un depresor, es decir, ralentiza el funcionamiento del cerebro. También altera las reacciones químicas que se producen en él, con lo que aumenta el riesgo de depresión y ansiedad. Beber mucho durante periodos prolongados, puede tener efectos a largo plazo en la memoria. Aunque un consumo bajo de alcohol en personas sanas puede tener un efecto protector sobre la isquemia cerebral (ictus isquémico), el riesgo se incrementa de manera exponencial con consumos más elevados. Sin embargo, aumenta el riesgo de accidente cerebrovascular hemorrágico (ictus hemorrágico) a cualquier dosis.

  • Corazón

Aunque un consumo bajo de alcohol en personas sanas puede tener un efecto protector sobre la isquemia cardíaca (infarto agudo de miocardio), el riesgo se incrementa de manera exponencial con consumos más elevados. El consumo a dosis elevadas incrementa el riesgo de daño al músculo cardiaco y, por tanto, de cardiomiopatía. La arritmia cardiaca está ligada principalmente con los episodios consumo intensivo.

  • Presión arterial

El consumo de alcohol aumenta la presión arterial y el riesgo de hipertensión, con una relación dosis-respuesta

  • Mama

El riesgo de padecer cáncer de mama aumenta el consumo de alcohol.

  • Estómago

Un consumo intensivo de alcohol irrita el estómago y puede producir náuseas y diarrea. A largo plazo, se ha asociado con un aumento del riesgo de cáncer de estómago.

  • Páncreas

Beber mucho con regularidad puede provocar pancreatitis, tanto aguda como crónica. Aproximadamente la mitad de las personas con pancreatitis crónica desarrollan diabetes.

  • Hígado

Un consumo de alcohol elevado puede provocar enfermedades hepáticas y causar daños irreparables, como la cirrosis hepática. El consumo de alcohol aumenta el riesgo de cáncer hepático.

  • Intestino

El alcohol puede provocar síntomas de intestino irritable. También aumenta el riesgo de padecer cáncer.

  • Salud sexual y reproducción

Una disminución de la libido e impotencia en los hombres se puede producir por culpa del alcohol. También puede causar problemas de fertilidad.

Un estudio publicado en 2024 en el JAMA Network encontró que los adultos mayores que mantienen un consumo bajo o nulo de alcohol tienen menor mortalidad asociada a causas prevenibles y reportan una mejor calidad de vida. Esto coincide con recomendaciones de autoridades sanitarias que sugieren no más de 7 bebidas por semana para mayores sanos, ajustándose aún más si hay condiciones preexistentes.

¿Y si utilizo productos sutitutivos como el vaper o el cigarrillo electrónico?

A veces se debe considerar si dejar de fumar con cigarrillos electrónicos supone una peligrosidad más alta que fumar tabaco. Por eso, hay que preguntarse, ¿es peor el remedio o la enfermedad?

Aunque existe la popular creencia de la salubridad de estos dispositivos, en realidad no se deben usar como sustituto del cigarro de nicotina, ya que también contienen sustancias tóxicas. Este método electrónico se salta la combustión de los cigarros tradicionales por la inhalación que desprende el líquido que contiene el artefacto. Se relacionan con el vapor de agua, sin este expulsar ningún tipo de vapor al ser puesto en funcionamiento.

Tienen una tasa más alta de desarrollar enfermedades respiratorias y cáncer pulmonar. Es por ello que, no se recomienda su utilización en ningún caso y se quiere regular su venta en estancos, sobre todo en el público joven, en el que se ha puesto muy de moda su consumo.

¿Cómo puedo dejar de fumar?

Dejar de fumar puede ser una tarea difícil, sobre todo si llevas mucho tiempo consumiendo tabaco, tu cuerpo se acostumbra a las sensaciones que te aporta durante esos instantes y de ahí cuesta bastante salir.

Hoy en día quien no lo deja es porque no quiere, realmente hay muchos recursos al alcance de cualquier persona. Empezar con este nuevo reto vital puede marcar un antes y un después en tu vida.

Desde un libro de autoayuda como puede ser ‘’Es fácil dejar de fumar si sabes cómo’’ de Allen Carr, uno de los libros más vendidos que tratan esta temática, en él se propone la mente y la psicología como motor principal para dejarlo, en oposición al uso de medicamentos.

El Ministerio de Sanidad tiene varias propuestas, una ‘’Guía oficial para dejar de fumar’’, reúne recomendaciones basadas en la evidencia científica para ayudarte a comprender por qué fumas, identificar qué obstáculos puedes encontrar y dar los pasos necesarios para dejar el tabaco de forma definitiva.

Otra de las opciones que plantea, es una aplicación móvil llamada ‘’S’Acabó’’ creada por SEDET, aunque siempre puedes encontrar muchísimas aplicaciones alternativas desde tu aplicación Play Store para Android. Este tipo de aplicaciones te ayudarán a ser constante y a crear un nuevo hábito saludable.

Si estos métodos no te sirviesen, siempre puedes acudir a un médico para medir tu grado de dependencia y tratarlo con fármacos subvencionados por el Sistema Nacional de Salud.

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