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¿Te has encontrado alguna vez en una situación de emergencia médica? ¿Has sabido cómo actuar para ayudar a alguien que lo necesitaba?

Saber qué hacer en caso de una urgencia puede salvar vidas.
En esta campaña, te proporcionaremos las herramientas y los conocimientos necesarios para convertirte en un héroe de primeros auxilios.

Aquí encontrarás:

– Información clara y concisa sobre las técnicas básicas de primeros auxilios, como RCP, control de hemorragias, vendajes y tratamiento de lesiones comunes.
– Guías paso a paso ilustradas que te ayudarán a comprender y aplicar correctamente las técnicas de primeros auxilios.
– Consejos para mantener la calma y actuar con eficacia en situaciones de emergencia.
– Recursos adicionales para profundizar en tu conocimiento de los primeros auxilios y convertirte en un proveedor de primeros auxilios certificado.

Recuerda: Saber primeros auxilios te da el poder de marcar la diferencia.
Con las habilidades y el conocimiento adecuados, puedes salvar vidas, prevenir complicaciones y brindar asistencia vital a las personas que lo necesitan.

No esperes a que ocurra una emergencia para aprender a actuar.

Empieza hoy mismo a prepararte para ser un héroe de primeros auxilios.

¡El saber salva vidas!

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Ictus, Conoce, detecta y actúa rápido

El ictus es un problema de salud pública en España y en todo el mundo afecta a más de 15 millones de personas cada año. Asociado a una elevada mortalidad y discapacidad, trae consigo un enorme sufrimiento y un impacto en todas las esferas de la vida.

Si no se detecta a tiempo, esta enfermedad cerebrovascular, puede provocar graves secuelas físicas y cognitivas. Se estima que la mitad de las personas que sobreviven a un ictus padecen una discapacidad grave y no recuperan su autonomía plena.

Sufrir un ictus puede ser devastador, provocar la muerte o una discapacidad permanente, destrozar la vida del paciente y la de sus seres queridos. Aquellos que superan un accidente cerebrovascular pasan a formar parte de los millones de personas que conviven con los impactos sanitarios, sociales y financieros que esto conlleva.

Las enfermedades vasculares se sitúan como primera causa de muerte en países desarrollados, y de modo creciente en toda la población mundial. En este contexto, destaca la importancia de la enfermedad cardiovascular en mujeres, que supera a la de los hombres, especialmente en el caso de la enfermedad cerebrovascular. De hecho, en nuestro país, el ictus es la primera causa de muerte en las mujeres, que como bien se conoce cuentan con mayor esperanza de vida que los hombres.

Factores biológicos relacionados con las hormonas femeninas, factores genéticos, la prevalencia de hipertensión y fibrilación auricular en la senectud , determinantes sociales de género, sufrir síntomas “menos clásicos o atípicos” y la tardanza en acudir a urgencias hospitalarias por multitud de motivos como, la confusión con los síntomas, la minimización de la importancia de los mismos, dar prioridad a las cargas familiares, o por la dificultad que supone para algunas mujeres que viven solas en edades avanzadas y no disponen de apoyos adecuados para la petición de ayuda,  hacen que la incidencia y las consecuencias sean mayores y más graves en este colectivo.

Los principales factores de riesgo cardiovascular para todas las personas son:

Niveles altos de colesterol (dislipemias), diabetes (tipo I y tipo II), hipertensión arterial, sobrepeso y obesidad, sedentarismo y tabaquismo. Pero, existen factores de riesgo propios de la mujer, los más destacados son los relacionados con el efecto neuroprotector de los estrógenos en las mujeres, siendo el embarazo, el postparto y la menopausia periodos especialmente vulnerables para un aumento del riesgo de ictus.

Las mujeres están de alguna manera resguardadas por su sistema endocrino en edades tempranas ante la posibilidad de padecer enfermedades cardiovasculares, pues los estrógenos (las hormonas que principalmente producen los ovarios) las «protegen». Por ello, la menopausia supone un punto de inflexión en el sentido de que esta protección endocrina desaparece.

Entre los factores de riesgo que se dan solamente en mujeres estarían: la menstruación temprana, la histerectomía, el síndrome del ovario poliquístico, enfermedades autoinmunes como el lupus y el síndrome antifosfolípido, la preeclampsia y eclampsia, la diabetes gestacional, el parto y menopausia prematuros, conjugar tabaquismo y migrañas y la toma de  pastillas anticonceptivas y otras terapias hormonales, ya que los estrógenos administrados a las mujeres con fines anticonceptivos o para paliar la sintomatología de la menopausia suponen un aumento del riesgo cardiovascular, con mayor incidencia de ictus y trombosis venosas superficiales y profundas.

Respecto a la incidencia de ictus, los hombres presentan con mayor probabilidad ictus isquémico, mientras que las mujeres tienen más riesgo de presentar hemorragias subaracnoideas. En cuanto a los ictus isquémicos, parece que los hombres sufren más ictus aterotrombóticos, mientras que los cardioembólicos son más frecuentes en las mujeres. Ello está en consonancia con que las mujeres presentan menor frecuencia de tabaquismo, consumo de alcohol y estenosis carotídea, pero más hipertensión, dislipidemia y fibrilación auricular.

En cuanto a la sintomatología a la que siempre se hace referencia al hablar de ictus suele ser: pérdida de fuerza o sensibilidad en la cara o extremidades, dificultad repentina para hablar y alteraciones en la visión de un ojo y/o dolor de cabeza intenso.

Pero, en las mujeres puede que se manifiesten solo algunos de estos síntomas o ninguno, lo que puede dar lugar confusión y retraso en el diagnóstico. Esto es debido a que las mujeres suelen tener presentaciones clínicas más atípicas que los hombres y en muchas ocasiones los síntomas expuestos pueden relativizarse provocando que no se busque atención inmediata y que el pronóstico sea menos favorable.

Estos síntomas suelen ser más generalizados y menos clásicos.  Por ejemplo, las mujeres suelen presentar con mayor frecuencia desorientación, debilidad generalizada, alteraciones mentales y alteración de la consciencia. Que no son síntomas típicos de un ictus o no suelen relacionarse con un derrame cerebral. Por otro lado, las mujeres también pueden presentar incontinencia urinaria, síntoma que tampoco se relaciona con el ictus.  A nivel sensorial, las mujeres suelen presentar déficits visuales como diplopía (visión doble) mientras que en los hombres es más frecuente el nistagmo (movimientos involuntarios de los ojos). la disfasia suele ser común en ambos sexos, y se refiere a la alteración de la capacidad comunicativa que sí es un síntoma que solemos relacionar con un ictus.

Estas diferencias en la presentación clínica entre hombres y mujeres contribuyen a que éstas demoren la petición de ayuda, influyendo en el retraso hospitalario para la atención médica, lo que puede suponer un retraso diagnóstico, incluso erróneo y la posibilidad de un tratamiento eficaz.

A medida que se envejece, la mortalidad por ictus aumenta de manera significativa, las mujeres viven hasta edades en las que el riesgo de ictus es mayor. De media, el ictus se presenta en las mujeres 4 años más tarde que en los hombres. Y la esperanza de vida más alta de las mujeres en muchas ocasiones juega en contra en los casos de ictus, ya que medida que éstas envejecen, van adquiriendo mayor riesgo de sufrir un ictus y de no sobrevivir al mismo o sufrir secuelas más graves.

Además, hay que tener en cuenta que los síntomas cardiovasculares suelen aparecer una media de diez años más tarde en mujeres que en hombres, lo que conlleva a que éstas suelan sufrir el ictus a edades mucho más avanzadas que los hombres y es más probable que vivan solas, hecho que incrementa el retraso en la petición y ayuda de atención médica.

Para este conjunto de factores de riesgo específicos se pueden aplicar soluciones preventivas: dejar de fumar, sobre todo si se tienen migrañas; vigilar el nivel de las hormonas tiroideas y de colesterol; controlar la presión arterial antes de tomar anticonceptivos; aplicar un tratamiento adecuado en casos de embarazo con hipertensión y detectar posibles arritmias con las consultas en primaria, especialmente cuando se han superado los 75 años. Así como, aportar sistemas de telemedicina a aquellas personas que vivan en soledad, tengan factores de riesgo y no cuenten con una red de apoyo cercana.

Otros hechos a tener en cuenta en cuanto a la prevalencia y gravedad del ictus respecto a las mujeres serían, el que a ellas se les realizan menos exploraciones diagnosticas en la fase aguda del ictus y son tratadas con menor frecuencia que los hombres con activador tisular del plasminogeno, antiagregantes y anticoagulantes, fármacos claves para el tratamiento del mismo.

Las diferencias en las tasas de activación Código Ictus*, que son inferiores respecto a los hombres, sin olvidarnos de que las mujeres han estado históricamente infrarrepresentadas en los estudios clínicos en general, lo que ha contribuido al infra diagnóstico e infra tratamiento de la mujer en la mayoría de las enfermedades.

  Código Ictus: procedimiento de actuación sanitaria prehospitalaria basado en el reconocimiento precoz de los signos y síntomas de un ictus para la priorización de cuidados y traslado inmediato por parte de los Servicios de Urgencia a un hospital preparado con Unidad de Ictus.

Por otro lado, además de las diferencias biológicas y de la atención sanitaria, desde la perspectiva de género en salud, es importante resaltar el impacto sociocultural que repercute desde siempre en las mujeres. Ya que, a pesar de todos los avances, es evidente que siguen asumiendo una doble jornada (empleo laboral sumado a la responsabilidad principal en cuanto al trabajo de cuidados a mayores o a niños y niñas), lo que en demasiadas ocasiones implica que presten menos atención a su propia salud o consultan más tarde, no identificando síntomas cuando no son típicos o les resten importancia y, tras iniciar tratamientos, suelen descuidar su adherencia terapéutica.

El hecho de que la mujer tarde en acudir a las urgencias hospitalarias y ante cualquier posible signo de alarma, ¡No reaccione a tiempo! conlleva que las secuelas sean muy incapacitantes, produciéndose en muchos de los casos, una repercusión familiar y social muy grave por el rol que la mujer suele desempeñar en su entorno.

Si bien es cierto, para ambos sexos “el tiempo es cerebro “, cuyo significado es claro: cuanto más tiempo se tarde en diagnosticar y tratar correctamente un ictus, más graves serán sus consecuencias.

El tiempo es el factor más trascendental para minimizar los daños cerebrales de un ictus y para responder con la máxima celeridad posible existe el Código Ictus. Ante cualquier sospecha, llama al 112 y Dí Ictus.

Las previsiones indican un aumento de los casos de ictus en Europa de hasta el 34% para 2030. Debido en parte al envejecimiento de la población y al incremento de la incidencia de personas jóvenes en los últimos años. De hecho, un tercio de las personas que sufren un ictus están en edad laboral. Causado por el aumento de la prevalencia de los factores de riesgo de esta enfermedad en estos grupos de edad.

Por otro lado, la buena noticia, es que se estima que el 90% de los ictus podrían evitarse con una adecuada prevención y control de los factores de riesgo vascular:

Hipertensión arterial.

– Diabetes.

– Hipercolesterolemia.

– Obesidad.

– Evitar la vida sedentaria.

– Abandonar el tabaco y el consumo de alcohol y drogas (cocaína, psicoestimulantes y derivados de anfetaminas).

– Y también el control de enfermedades cardíacas previas.

Pero para poder ponerle freno, debemos de ser capaces de conocer los riesgos y actuar frente a los mismos apostando por unos hábitos de vida saludables.

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TEMÁTICAS (próximamente):

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